Franco y la Iglesia en la posguerra: Una beatificación a golpe de pistola

“Era frecuente ver, en esos primeros días [del golpe militar], curas y religiosos con su fusil al hombro, su pistola y su cartuchera sobre la negra sotana

Mariano Ayerra, sacerdote de Alsasua, 1936.

“Con los sacerdotes han marchado a la guerra nuestros seminaristas. ¡Es guerra santa! Un día volverán al seminario mejorados. Toda esta gloriosa diócesis, con su dinero, con sus edificios, con todo cuanto es y tiene, concurre a esta gigantesca cruzada”.

Marcelino Olaechea Loizaga, 6 de noviembre de 1936.

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Aprovechando la última masiva beatificación dominical de Tarragona, no estaría mal recordar que los dos partidos presentes en la misma, PP y CiU, descendientes de la oligarquía franquista y monárquica, también fueron de la mano en la Guerra Civil. Es importante saberlo para que ahora la gente no se deje arrastrar por los mismos en la sinrazón y el enfrentamiento nacionalista. En la guerra civil, tristemente como en todas las guerras, fueron asesinadas miles de personas inocentes injusta y cruelmente. Pero es fundamental que sepamos que ese velo de santidad e inocencia que presume la Iglesia es falso. La Iglesia no es víctima de esta guerra, sino un bando activo, que aprovechó la guerra para alcanzar unos objetivos materiales, políticos e ideológicos. En palabras del arzobispo de Toledo y primado de España, Isidro Gomá y Tomás: “Una restauración totalitaria de la vida cristiana”. Lo que vendría a derivar en una involución social bajo un represivo régimen fascista–católico.

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El golpe militar fue desde un principio apoyado y jaleado por la Iglesia católica. La posterior guerra y dictadura contó con su ferviente colaboración. No fue el anticlericalismo violento el que hizo a la Iglesia tomar partido. Antes de conocerse los pormenores de éste, el arzobispo de Zaragoza, Rigoberto Domenech, poco más de veinte días después de la sedición militar justifica el mismo porque “no se hace en servicio de la anarquía, sino en beneficio del orden, la patria y la religión”. A los dos meses, el cardenal primado de España, Isidro Gomá, describía lo que era para él la guerra en una alocución radiofónica con motivo de la caída de Toledo a manos del ejército fascista: “El choque de la civilización contra la barbarie, del infierno contra Cristo, debían sucumbir primero,…, los adalides de la civilización cristiana, los abanderados de Cristo… Gloria a los mártires”.

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La Iglesia católica fue un bando, claramente, beligerante en la guerra civil española, una facción que animó y participó en el exterminio y la persecución. Que colaboró activamente en las venganzas y los asesinatos. Nunca la Iglesia católica trabajó en pos de la paz y la unidad de los españoles. Todo lo contrario. Desde el advenimiento de la República rechazó abiertamente sus instituciones y nunca estuvo dispuesta a renunciar a sus privilegios propios del Antiguo Régimen. Cuando en julio de 1936 se produjo el golpe de estado corrió rauda y gozosa a empuñar las armas en una nueva y, en sus palabras, “santa Cruzada”. Nunca mostró piedad cristiana y se lanzó a un sanguinario y cruel revanchismo convirtiéndose en uno de los pilares sobresalientes de la represión, la ingeniería social y la venganza fascista. Ni ha buscado nunca la reconciliación pidiendo perdón por sus crímenes. El orgullo y la soberbia, graves pecados, es lo que ha guiado la conducta de su cúpula.

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Como recordaría, más tarde, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, que se encontraba en Tuy en julio de 1936: “todos los sacerdotes del lugar aceptaron la sublevación militar con alegría y apoyaban al ejército como un deber de conciencia”. Esta dinámica fue habitual en Navarra, donde miles fueron asesinados sin que se diera ningún tipo de enfrentamiento armado. El fanatismo religioso que impregnaba lo que consideraban una guerra santa se dejaba ver en los actos del contingente de requetés donde se encontraban numerosos religiosos combatiendo.  A poco menos de un mes del golpe militar, durante la procesión de la Virgen del Sagrario en Pamplona, milicianos falangistas y requetés asesinaron a decenas de presos, entre ellos, curas supuestamente nacionalistas “los sacerdotes dieron la absolución en masa a los restantes, las ejecuciones se llevaron a cabo y los camiones volvieron a Pamplona, a tiempo para que los requetés se incorporaran a la procesión que estaba entrando en la catedral”. 

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Y es que el ardor guerrero había infectado el discurso y los actos de la plana mayor de la jerarquía católica española. Palabras como “cristianísimo Imperio español”, “judío–masónico”, “liberación”, “santa Cruzada” o “plebíscito armado” tenían sus oraciones. En la Pastoral de 30 de septiembre de 1936, “Las dos ciudades”, el obispo de Salamanca, Enrique Pla y Deniel deja bien a las claras que lo que se vive es una “santa Cruzada” para la Iglesia española: “Enhorabuena que los ciudadanos españoles, haciendo uso de un derecho natural, se hayan alzado para derrocar un gobierno que llevaba la nación a la anarquía […]. El carácter de la actual lucha que convierte a España en espectáculo para el mundo entero. Reviste, sí, la forma externa de una guerra civil, pero en realidad es una cruzada. Fue una sublevación, pero no para perturbar, sino para restablecer el orden […]. Una cruzada por la religión y por la patria y por la civilización”.

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Evidentemente, no todos los religiosos actuaron de esta manera. Seguro que muchos que no estaban de acuerdo con estas consignas perecieron injusta y cruentamente. A todos ellos nuestra admiración y respeto como seres humanos vilmente asesinados. Pero, entre la jerarquía católica esto fue un desierto. Hasta el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea que alababa la bondad de esta guerra santa “vivimos una hora histórica en la que se ventilan los sagrados intereses de la religión y de la patria, una contienda entre la civilización y la barbarie” y bendijo a sus cruzados, se horrorizó de los crímenes y venganzas de los suyos: “Ni una gota más de sangre de venganza”. Pero sus palabras no tuvieron eco entre sus filas. Ya era demasiado tarde. La sangre de venganza corría por toda España. Asimismo, no importaba que se fuera religioso. Era muy importante ser religioso del bando fascista – tradicionalista, porque si no, se corría el riesgo de ser fusilado como a decenas de curas supuestamente nacionalistas o, si se protestaba contra estas infames acciones ser amenazado de muerte como le ocurrió al obispo de Vitoria, monseñor Mateo Múgica.

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En cambio, la jerarquía católica y Franco fueron uña y carne. Unidos por una férrea cohesión ideológica y unos mismos objetivos. El obispo de Vic, Joan Perelló, quería una “profilaxis social, sabía que se necesitaba un “bisturí para sacar la pus de las entraña de España”. La pus, evidentemente, eran las personas con una ideas políticas opuestas a las suyas. Para regocijo suyo, Francisco Franco, pensaba lo mismo que él y declaraba sentirse dispuesto a exterminar si fuese necesario a toda esa media España que no me es afecta” con el propósito de “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias, destruida en el siglo XVIII”. Y el cardenal primado, arzobispo de Toledo, Isidro Gomá, seguía tenazmente la línea ideológica del Movimiento Nacional: “Judíos y masones, envenenaron el alma nacional con doctrinas absurdas, con cuentos tártaros o mongoles aderezados y convertidos en sistema político y social en las sociedades tenebrosas manejadas por el internacionalismo semita”. Discurso histórico de la Iglesia Católica que tras la derrota nazi y el descubrimiento del Genocidio hubo que maquillar y hasta ocultar.

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No solo el catolicismo español apoyó el golpe militar, cuando ya los crímenes eran bien conocidos y el nuevo régimen afirmaba sus postulados fascistas y totalitarios, el arzobispo de Westminster, cardenal Arthur Hinsley, en una carta remitida a Franco el 28 de marzo de 1939, en agradecimiento al envío de una foto autografiada por éste, le expresaba su admirada devoción: “Le considero el gran defensor de la verdadera España, el país de los principios católicos donde la justicia social católica y la caridad se aplicarán al bien común bajo un gobierno firme y pacífico”. El Vaticano mostró una extraña ambivalencia y pragmatismo político. Pío XI reconoció a Franco en mayo de 1938, aunque no tuviera una gran afinidad con él. Igualmente contradictorio fue su bendición de las tropas fascistas italianas que marchaban a invadir Abisinia en 1935. Luego Pío XII felicitaría efusivamente al general Franco en un telegrama, el 1 de abril de 1939: “Levantando nuestro corazón al señor, agradecemos sinceramente, con V.E, deseada victoria católica España”. Y, unos días más tarde, el 16 de abril de 1939, en un radiomensaje a los fieles de España se expresaba de tal forma: “Con inmenso gozo nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la Católica España, para expresaros nuestra paterna congratulación por el don de la Paz y de la victoria, con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probado en tantos y tan generosos sufrimientos”. Cierto es que hubo sufrimientos, pero por ningún sitio se atisbó un poco de “caridad” o “paz”. Y en ningún caso “piedad” o “perdón”. 

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Fuente: http://lavozdebida.wordpress.com/2013/10/15/una-masiva-beatificacion/

Los alumnos españoles estudiarán el Holocausto judío por Ley (para tener a los niños bien programados)

Ya hemos publicado muchas veces las grandes “dudas”, por no decir otra cosa, que plantea el Holocausto judio, repetido hasta la saciedad por los medios de comunicacion, tema recurrente en peliculas de Hollywood, obligado a estudiarse durante 4 años en Alemania y con leyes especificas en mas de treinta paises que prohiben, bajo penas de carcel, negarlo ni tan siquiera revisar la historia para que se pudieran hacer patentes las EVIDENCIAS. Podeis verlo aqui:

https://falsasbanderas.wordpress.com/?s=holocausto

Y ahora, por propuesta del PP, en España los alumnos lo van a estudiar POR LEY, osea por obligacion. Nada de estudiar la guerra civil española, nada de estudiar los grande eventos como el 11/S que nos han cambiado todo, pero el gran fráude del holocausto se lo van a hacer estudiar a nuestros niños por obligacion… tela…

 

La comunidad judía en España ve un “progreso” en la propuesta, pero pide que se extienda a la historia del pueblo judío

MADRID, 11 Sep. (EUROPA PRESS) –

   El grupo parlamentario popular en el Congreso ha presentado una enmienda a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) por la que añade una nueva disposición adicional sobre la ‘Prevención y resolución pacífica de conflictos y valores que sustentan la democracia y los derechos humanos’ que establece la inclusión del estudio del Holocausto judío como hecho histórico en el currículo de las diferentes etapas de la educación básica.

   “En el currículo de las diferentes etapas de la educación básica se tendrá en consideración el aprendizaje de la prevención y resolución pacífica de conflictos en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social, y de los valores que sustentan la democracia y los derechos humanos, que debe incluir en todo caso la prevención de la violencia de género y el estudio del Holocausto judío como hecho histórico”, reza la disposición. Aunque la iniciativa todavía tiene que ser incorporada al texto de la ley en el trámite parlamentario, la mayoría del PP hace prever que esta disposición se incorporará al texto que publique finalmente el BOE.

El grupo popular indica, para justificar esta enmienda, que es necesario tener en cuenta en los currículos de la educación básica tanto la prevención y resolución pacífica de conflictos como los valores que sustentan la democracia y los derechos humanos.

En una entrevista concedida a Europa Press, el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), Isaac Querub, ha declarado que “ciertamente supone un progreso” pero ha precisado que hubieran deseado “una enmienda más amplia donde se hiciera referencia a la historia del pueblo judío”.

Concretamente, ha explicado que lo que desde la Federación han planteado al ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, es “introducir el factor judío en el currículo escolar” para que “se aprenda, se sepa algo más sobre la historia del pueblo judío en vinculación con la tierra de Israel así como de la presencia de los judíos en la historia de España”.

En cualquier caso, ha asegurado que Wert se ha portado “extraordinariamente bien” y que fue quien les propuso crear una Comisión Mixta formada por el Ministerio de Educación y la FCJE por medio de la cual han redactado un texto conjunto que han remitido a todos los partidos con representación.

Querub ha explicado que desde la Federación han pedido ampliar este tema en España, en primer lugar, porque el Holocausto, “si no se contextualiza”, da una imagen distorsionada de la historia del pueblo judío y, en segundo lugar, porque “desgraciadamente, España en los sondeos nacionales e internacionales aparece como el país más antisemita de Europa junto con Hungría”.

Esto significa, según ha precisado, que la juventud española tiene una imagen “absolutamente distorsionada, llena de prejuicios y estereotipos con respecto a los judíos”, algo que, según ha añadido, no pueden permitir como españoles.

“Estamos convencidos de que un mayor conocimiento sobre los judíos y sobre su devenir histórico limitará los prejuicios y esperamos que los llegue a desterrar. La ignorancia es lo más atrevido que hay y solo se puede suplir con conocimiento”, ha remarcado.

DEMANDA “HISTÓRICA”

Por su parte, el presidente de Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, ha indicado que es una petición “histórica” que las organizaciones que luchan contra el antisemitismo llevan planteando a los diferentes gobiernos desde los años 90 del siglo XX con el fin de que la educación democrática se asiente sobre “la negación absoluta de la barbarie nazi y genocida”.

Ibarra considera que el hecho de que el sistema educativo incorpore seriamente en el marco de la ley la educación para la memoria del Holocausto y, por tanto, la prevención del genocidio a través de los valores democráticos, es “ser congruente con los planteamientos de derechos humanos que están establecidos en el propio tratado de la Unión Europea”.

Además, ha señalado que la inclusión de esta enmienda en la LOMCE sería “fundamental” en estos momentos “con lo que está sucediendo en Europa”. Concretamente, ha puesto el ejemplo de Hungría, donde fueron exterminados 600.000 judíos y donde ahora hay “diputados de extrema derecha capaces de pedir listas de judíos” o de Grecia, donde surgen grupos neonazis como Amanecer Dorado.