Guerras provocadas

Guerra civil española

Ha llegado el “Tiempo para la Verdad” , todos los domingos solo por lifetv.es

– Periodismo independiente en estado puro –

Programa de periodismo de investigación y denuncia que pretende desvelar las mayores mentiras y los grandes enigmas de la humanidad. Magnicidios, guerras provocadas, historia prohibida, dogmas científico-académicos, realidades sociales, etc son los grandes temas que trataremos desde un estilo periodístico absolutamente independiente.

Dirige el activista social Miguel Celades Rex, fundador de los Congresos de Ciencia y Espíritu, Exopolítica, Alimentación Consciente, etc, que tratará los distintos temas aportando las pruebas necesarias para exponer la auténtica realidad. Porque ya es el momento, ya es Tiempo para la Verdad.

Todos los domingos a las 10:00 y a las 12:30 en www.lifetv.es, emisión por satélite a 140 países, TDT y cable.

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Guernica: ¿Otro falso holocáusto?

Fallece Salas Larrazábal, el desmitificador del bombardeo de Guernica

 

Bombardeo de Guernica, durante la Guerra Civil Española
Bombardeo de Guernica, durante la Guerra Civil Española

 

El acontecimiento más discutido y manipulado de la guerra civil española es el bombardeo de Guernica, realizado por las aviaciones italiana y alemana el 26 de abril de 1937.

Este hecho revela que, si bien la derecha ganó militarmente la guerra, la perdió en el campo de la propaganda y hasta la historiografía.

 

A partir de los años 60 del siglo XX la izquierda impuso su versión de los hechos, que la propia derecha ha aceptado, y la doctrina oficial sólo ha empezado a desmoronarse en los últimos años gracias al esfuerzo de unos pocos historiadores, la mayoría de los cuales no trabaja en las universidades públicas españolas, que se han ensuciado las manos en los archivos.

Sobre el bombardeo de Guernica la pila de mentiras es inmensa:

  • se trataba de una ciudad abierta y sin interés militar;
  • era un castigo a los nacionalistas vascos por no haberse unido a los sublevados;
  • el pueblo lo quemaron los rojos para culpar a los franquistas;
  • no había industrias militares ni tropas…

Y, por supuesto, el número de víctimas. Éste tenía que ser elevado para demostrar la maldad del general Franco y de sus aliados, los alemanes de Adolf Hitler.

Las informaciones provenientes de Bilbao calculaban los muertos entre 500 y más de un millar.

La agencia de noticias francesa HAVAS publicó que los muertos ascendieron a 800 y el Gobierno vasco, en un primer momento, comunicó que fueron más de 500. En el paroxismo propagandístico se llegó a hablar de 3.000 muertos; luego la cifra se redujo a 1.654, que sigue apareciendo en algunos ensayos.

La negación por parte del mando rebelde del bombardeo realizado por sus aliados enconó la disputa. Uno de los principales creadores del mito del holocausto de Guernica fue el periodista sudafricano George L. Steer, cuyas crónicas, publicadas en el The Times de Londres, buscaban asustar a la opinión pública británica para que reclamase al Gobierno un rearme frente al poderoso III Reich.

Anasagasti (PNV) llegó a calificar el bombardeo de “antecedente del ataque a las Torres Gemelas”

El PNV empleó el mito para destacar el carácter pacífico del nacionalismo vasco, y su diferencia con los violentos españoles, y para obtener simpatías internacionales. En esta línea de exageración y mentira, Iñaki Anasagasti calificó en 2001 el bombardeo de “antecedente primigenio del ataque a las Torres Gemelas” de Nueva York.

Bombardeo de Guernica
Bombardeo de Guernica

No hubo día de mercado

El primer investigador que aportó datos objetivos sobre el bombardeo fue el periodista Vicente Talón, en su libro (1970) demuestra que el tradicional mercado de los lunes fue suspendido por el delegado del Gobierno vasco en el pueblo. Desapareció así la población flotante que habría acudido al mercado y habría justificado las cifras de cientos de muertos.

'Arde Guernica', de Vicente Talón
‘Arde Guernica’, de Vicente Talón

Más exhaustivo fue el de Jesús Salas Larrazábal (1925-2016), doctor ingeniero y oficial del Ejército del Aire, que investigó el bombardeo y publicó sus conclusiones en otro libro titulado Guernica (1987).

Salas Larrazábal contó en los registros civiles los muertos enterrados después del ataque aéreo a Guernica

Acudió a los registros civiles para contar los muertos enterrados en los días posteriores a la acción bélica y también a las hemerotecas. Su conclusión es que las víctimas mortales fueron sólo 126.

Cada vez que en los grandes medios de comunicación se citaba este número o se entrevistaba a Salas Larrazábal, miembro de una amplia familia de militares e historiadores, los guardianes de la verdad oficial saltaban airados.

Jesús Salas Larrazabal. / Youtube
Jesús Salas Larrazabal. / Youtube

Sin embargo, la asociación local Gernikazarra Historia Taldea, fundada en 1985, se ha dedicado a documentar el bombardeo y en 2012 sus miembros declararon que situaban el número de fallecidos en 153.

En todo caso, los muertos en Guernica son inferiores a los causados por otro bombardeo aéreo, ejecutado por los italianos, en Durango el 31 de marzo, que superaron los 250.

La cifra de muertos de Guernica es inferior a los 224 presos indefensos asesinados por milicias de izquierda en el asalto a cárceles de Bilbao

Todos hablan de Guernica, pero nadie recuerda el asalto a las cárceles de Bilbao. Fue un ataque de las milicias de izquierdas a las cárceles, el 4 de enero de 1937, donde se asesinó a 224 presos indefensos.

Pese a estos descubrimientos, hechos por aficionados, muchos historiadores académicos siguen empeñados en repetir mentiras propagandísticas ya desmontadas.

Entre éstos puedo citar a Judith Keene, profesora en la Universidad de Sidney, que en su libro Luchando por Franco (Salvat), prologado por Gabriel Jackson, uno de los historiadores antifranquistas más conocidos, escribe que el número de muertos en Guernica superó los mil.

Salas buscó la verdad, trabajando sobre el terreno, con entrevistas, viajes y visitas a archivos, mientras otros se limitan a repetir consignas o tópicos, sea por comodidad o por ideología. Sólo por esto merece agradecimiento.

Fuente: https://somatemps.me/2016/04/07/fallece-salas-larrazabal-el-desmitificador-del-bombardeo-de-guernica/


Franco y la Iglesia en la posguerra: Una beatificación a golpe de pistola

“Era frecuente ver, en esos primeros días [del golpe militar], curas y religiosos con su fusil al hombro, su pistola y su cartuchera sobre la negra sotana

Mariano Ayerra, sacerdote de Alsasua, 1936.

“Con los sacerdotes han marchado a la guerra nuestros seminaristas. ¡Es guerra santa! Un día volverán al seminario mejorados. Toda esta gloriosa diócesis, con su dinero, con sus edificios, con todo cuanto es y tiene, concurre a esta gigantesca cruzada”.

Marcelino Olaechea Loizaga, 6 de noviembre de 1936.

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Aprovechando la última masiva beatificación dominical de Tarragona, no estaría mal recordar que los dos partidos presentes en la misma, PP y CiU, descendientes de la oligarquía franquista y monárquica, también fueron de la mano en la Guerra Civil. Es importante saberlo para que ahora la gente no se deje arrastrar por los mismos en la sinrazón y el enfrentamiento nacionalista. En la guerra civil, tristemente como en todas las guerras, fueron asesinadas miles de personas inocentes injusta y cruelmente. Pero es fundamental que sepamos que ese velo de santidad e inocencia que presume la Iglesia es falso. La Iglesia no es víctima de esta guerra, sino un bando activo, que aprovechó la guerra para alcanzar unos objetivos materiales, políticos e ideológicos. En palabras del arzobispo de Toledo y primado de España, Isidro Gomá y Tomás: “Una restauración totalitaria de la vida cristiana”. Lo que vendría a derivar en una involución social bajo un represivo régimen fascista–católico.

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El golpe militar fue desde un principio apoyado y jaleado por la Iglesia católica. La posterior guerra y dictadura contó con su ferviente colaboración. No fue el anticlericalismo violento el que hizo a la Iglesia tomar partido. Antes de conocerse los pormenores de éste, el arzobispo de Zaragoza, Rigoberto Domenech, poco más de veinte días después de la sedición militar justifica el mismo porque “no se hace en servicio de la anarquía, sino en beneficio del orden, la patria y la religión”. A los dos meses, el cardenal primado de España, Isidro Gomá, describía lo que era para él la guerra en una alocución radiofónica con motivo de la caída de Toledo a manos del ejército fascista: “El choque de la civilización contra la barbarie, del infierno contra Cristo, debían sucumbir primero,…, los adalides de la civilización cristiana, los abanderados de Cristo… Gloria a los mártires”.

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La Iglesia católica fue un bando, claramente, beligerante en la guerra civil española, una facción que animó y participó en el exterminio y la persecución. Que colaboró activamente en las venganzas y los asesinatos. Nunca la Iglesia católica trabajó en pos de la paz y la unidad de los españoles. Todo lo contrario. Desde el advenimiento de la República rechazó abiertamente sus instituciones y nunca estuvo dispuesta a renunciar a sus privilegios propios del Antiguo Régimen. Cuando en julio de 1936 se produjo el golpe de estado corrió rauda y gozosa a empuñar las armas en una nueva y, en sus palabras, “santa Cruzada”. Nunca mostró piedad cristiana y se lanzó a un sanguinario y cruel revanchismo convirtiéndose en uno de los pilares sobresalientes de la represión, la ingeniería social y la venganza fascista. Ni ha buscado nunca la reconciliación pidiendo perdón por sus crímenes. El orgullo y la soberbia, graves pecados, es lo que ha guiado la conducta de su cúpula.

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Como recordaría, más tarde, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, que se encontraba en Tuy en julio de 1936: “todos los sacerdotes del lugar aceptaron la sublevación militar con alegría y apoyaban al ejército como un deber de conciencia”. Esta dinámica fue habitual en Navarra, donde miles fueron asesinados sin que se diera ningún tipo de enfrentamiento armado. El fanatismo religioso que impregnaba lo que consideraban una guerra santa se dejaba ver en los actos del contingente de requetés donde se encontraban numerosos religiosos combatiendo.  A poco menos de un mes del golpe militar, durante la procesión de la Virgen del Sagrario en Pamplona, milicianos falangistas y requetés asesinaron a decenas de presos, entre ellos, curas supuestamente nacionalistas “los sacerdotes dieron la absolución en masa a los restantes, las ejecuciones se llevaron a cabo y los camiones volvieron a Pamplona, a tiempo para que los requetés se incorporaran a la procesión que estaba entrando en la catedral”. 

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Y es que el ardor guerrero había infectado el discurso y los actos de la plana mayor de la jerarquía católica española. Palabras como “cristianísimo Imperio español”, “judío–masónico”, “liberación”, “santa Cruzada” o “plebíscito armado” tenían sus oraciones. En la Pastoral de 30 de septiembre de 1936, “Las dos ciudades”, el obispo de Salamanca, Enrique Pla y Deniel deja bien a las claras que lo que se vive es una “santa Cruzada” para la Iglesia española: “Enhorabuena que los ciudadanos españoles, haciendo uso de un derecho natural, se hayan alzado para derrocar un gobierno que llevaba la nación a la anarquía […]. El carácter de la actual lucha que convierte a España en espectáculo para el mundo entero. Reviste, sí, la forma externa de una guerra civil, pero en realidad es una cruzada. Fue una sublevación, pero no para perturbar, sino para restablecer el orden […]. Una cruzada por la religión y por la patria y por la civilización”.

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Evidentemente, no todos los religiosos actuaron de esta manera. Seguro que muchos que no estaban de acuerdo con estas consignas perecieron injusta y cruentamente. A todos ellos nuestra admiración y respeto como seres humanos vilmente asesinados. Pero, entre la jerarquía católica esto fue un desierto. Hasta el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea que alababa la bondad de esta guerra santa “vivimos una hora histórica en la que se ventilan los sagrados intereses de la religión y de la patria, una contienda entre la civilización y la barbarie” y bendijo a sus cruzados, se horrorizó de los crímenes y venganzas de los suyos: “Ni una gota más de sangre de venganza”. Pero sus palabras no tuvieron eco entre sus filas. Ya era demasiado tarde. La sangre de venganza corría por toda España. Asimismo, no importaba que se fuera religioso. Era muy importante ser religioso del bando fascista – tradicionalista, porque si no, se corría el riesgo de ser fusilado como a decenas de curas supuestamente nacionalistas o, si se protestaba contra estas infames acciones ser amenazado de muerte como le ocurrió al obispo de Vitoria, monseñor Mateo Múgica.

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En cambio, la jerarquía católica y Franco fueron uña y carne. Unidos por una férrea cohesión ideológica y unos mismos objetivos. El obispo de Vic, Joan Perelló, quería una “profilaxis social, sabía que se necesitaba un “bisturí para sacar la pus de las entraña de España”. La pus, evidentemente, eran las personas con una ideas políticas opuestas a las suyas. Para regocijo suyo, Francisco Franco, pensaba lo mismo que él y declaraba sentirse dispuesto a exterminar si fuese necesario a toda esa media España que no me es afecta” con el propósito de “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias, destruida en el siglo XVIII”. Y el cardenal primado, arzobispo de Toledo, Isidro Gomá, seguía tenazmente la línea ideológica del Movimiento Nacional: “Judíos y masones, envenenaron el alma nacional con doctrinas absurdas, con cuentos tártaros o mongoles aderezados y convertidos en sistema político y social en las sociedades tenebrosas manejadas por el internacionalismo semita”. Discurso histórico de la Iglesia Católica que tras la derrota nazi y el descubrimiento del Genocidio hubo que maquillar y hasta ocultar.

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No solo el catolicismo español apoyó el golpe militar, cuando ya los crímenes eran bien conocidos y el nuevo régimen afirmaba sus postulados fascistas y totalitarios, el arzobispo de Westminster, cardenal Arthur Hinsley, en una carta remitida a Franco el 28 de marzo de 1939, en agradecimiento al envío de una foto autografiada por éste, le expresaba su admirada devoción: “Le considero el gran defensor de la verdadera España, el país de los principios católicos donde la justicia social católica y la caridad se aplicarán al bien común bajo un gobierno firme y pacífico”. El Vaticano mostró una extraña ambivalencia y pragmatismo político. Pío XI reconoció a Franco en mayo de 1938, aunque no tuviera una gran afinidad con él. Igualmente contradictorio fue su bendición de las tropas fascistas italianas que marchaban a invadir Abisinia en 1935. Luego Pío XII felicitaría efusivamente al general Franco en un telegrama, el 1 de abril de 1939: “Levantando nuestro corazón al señor, agradecemos sinceramente, con V.E, deseada victoria católica España”. Y, unos días más tarde, el 16 de abril de 1939, en un radiomensaje a los fieles de España se expresaba de tal forma: “Con inmenso gozo nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la Católica España, para expresaros nuestra paterna congratulación por el don de la Paz y de la victoria, con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probado en tantos y tan generosos sufrimientos”. Cierto es que hubo sufrimientos, pero por ningún sitio se atisbó un poco de “caridad” o “paz”. Y en ningún caso “piedad” o “perdón”. 

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Fuente: http://lavozdebida.wordpress.com/2013/10/15/una-masiva-beatificacion/


Como Madrid roba a Cataluña con total impunidad (y encima nos insultan)

Sinceramente, siendo catalán, hasta hoy no estaba de acuerdo con la independencia de Cataluña (por aquello de “divide y vencerás”), pero despues de ver este video me acabo de hacer INDEPENDENTISTA RADICAL. “Hechos son amores y no buenas razones” como dicen en Andalucia y aqui se exponen HECHOS y DATOS, lo demás con cuentos y percepciones. Este video deberian verlo los 46 millones de españoles y que cada uno en su conciencia, que no por sus intereses, vea si es justo o el trato a Cataluña.

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Y aqui la Catalanofóbia vista desde la perspectiva de álguien de la calle:

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Y los que deberian hacer algo, los politicos catalanes, ¿que hacen por su pais?


23-F: UN GOLPE DE ESTADO EN BUSCA DE AUTOR. CORONEL DIEGO CAMACHO

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